Por: El Gordo Sport Bar
No todos los negocios nacen para vender.
Algunos nacen para contener.
La idea detrás de El Gordo Sport Bar no surgió únicamente de una oportunidad comercial, sino de una necesidad más profunda: crear un espacio donde la gente pudiera sentirse cómoda, bienvenida y, sobre todo, en casa. Un lugar seguro.
Antes de convertirse en un sport bar reconocido en San Luis Potosí, El Gordo fue primero una inquietud personal. La observación de algo que hacía falta. De muchas salidas que no terminaban de sentirse correctas. De partidos importantes vistos en lugares donde el ambiente no acompañaba la emoción, o donde no todos se sentían parte.
El deporte —especialmente la NFL— fue el punto de encuentro natural. No solo por la pasión que despierta, sino porque el deporte une sin pedir explicaciones. No importa de dónde vienes, a qué te dedicas o cómo ha sido tu semana: cuando empieza el partido, todos hablan el mismo idioma.
Ahí nació el sueño.
Crear un lugar donde cualquiera pudiera llegar y sentirse tranquilo. Donde gritar un touchdown no fuera exagerado. Donde sentarte solo no se sintiera incómodo. Donde el domingo tuviera sentido. Un espacio donde la gente pudiera ser ella misma, sin pretender.
Desde el inicio, el proyecto tuvo una intención clara: no excluir. El Gordo no se pensó como un lugar aspiracional ni inaccesible, sino como un punto de reunión real. Uno donde las amistades se fortalecen, las rutinas se rompen y las emociones se comparten.



Emprender con esa visión no fue sencillo. Implicó apostar por la experiencia antes que por la moda. Priorizar el ambiente, el flujo, la comodidad y el trato humano. Entender que un negocio puede ser rentable sin dejar de ser cercano.
Cada decisión —desde el diseño del espacio hasta la forma de vivir los eventos— respondió siempre a la misma pregunta:
¿Aquí la gente se siente segura?
Segura para celebrar.
Segura para llegar.
Segura para volver.
Con el tiempo, lo que empezó como un proyecto se convirtió en costumbre. Personas que regresan cada semana. Mesas que se reservan mentalmente desde meses antes del Super Bowl. Grupos que ya no se preguntan a dónde ir, porque saben dónde pertenecen.
El Gordo Sport Bar creció no solo por lo que ofrece, sino por lo que representa: un refugio cotidiano. Un espacio donde el ruido del mundo baja un poco y la emoción compartida sube.
Hoy, el sueño original sigue intacto: que todos tengamos un lugar seguro.
Un lugar donde la pasión no se juzga.
Donde la compañía se encuentra.
Donde el deporte es el pretexto, pero la gente es el motivo.
Porque al final, los negocios que realmente trascienden no son los que solo abren puertas,
sino los que hacen que la gente quiera quedarse.
Y ese fue, desde el principio, el verdadero porqué de El Gordo.
