¿Qué pasa cuando una película deja de ser solamente una película?
Para Miguel Leija, el cine es mucho más que sentarse frente a una pantalla. Es una oportunidad para encontrarnos, conversar, cuestionar lo que vemos y, sobre todo, conectar con otras personas.
Desde 2020, a través de Cinema Cuarentena, Miguel ha convertido su pasión por el cine en un espacio para crear comunidad. Más de 100 sesiones y 1,750 asistentes después, el proyecto sigue creciendo alrededor de una idea sencilla, pero poderosa: las historias pueden ser el punto de partida para generar vínculos y experiencias que trascienden la sala.
Su camino también lo ha llevado por la crítica cinematográfica, la formación de públicos, la gestión cultural, los derechos culturales y el activismo. Diferentes proyectos que, aunque parecen distintos, tienen algo en común: su interés por las personas y por la manera en que el arte puede acercarnos a ellas.
En esta edición de Gente San Luis conversamos con Miguel sobre cine, cultura y comunidad, pero también sobre los retos de crear públicos y construir una vida profesional alrededor del arte.
- ¿En qué momento descubriste que el cine no solo era una de tus pasiones, sino una herramienta desde la cual podías generar conversación, comunidad y transformación?
Cinema Cuarentena nació en 2020, durante la pandemia, en un momento en el que estábamos recluidos en casa y el cine se convirtió, para muchas personas, en una de las pocas formas de entretenimiento y compañía.
Durante ese tiempo, varias personas comenzaron a preguntarme qué películas les recomendaba ver. A partir de esas conversaciones decidí crear Cinema Cuarentena como un espacio para compartir recomendaciones de películas que pudieran conectar con públicos muy diversos, sin importar las barreras del idioma, el país de origen o el año en que fueron realizadas.
Con el tiempo, el proyecto fue creciendo y mi relación con el cine también. A inicios de 2025 fundé el cineclub Cinema Cuarentena, dando un paso más hacia la gestión cultural y convirtiendo esas recomendaciones en un espacio de encuentro, diálogo y comunidad alrededor del cine.
2. ¿Crees que en San Luis Potosí existe una demanda sufi ciente por propuestas culturales diferentes o todavía tenemos mucho trabajo por hacer para formar esas audiencias?
Creo que hay que entender que no es solamente responsabilidad del público acercarse a este tipo de actividades; también necesitamos hacer un esfuerzo desde la oferta.
Si, por ejemplo, durante toda tu vida o en tu infancia nunca viste una película en blanco y negro, difícilmente vas a entender que la barrera de entrada a este tipo de cine es mucho más baja de lo que pensamos. Hay películas con más de 100 años que prácticamente cualquier persona podría disfrutar.
Ahí está el tema: si no estamos acostumbrados a algo, difícilmente vamos a aceptar las nuevas propuestas que llegan a nosotros. Por eso, desde la oferta también tenemos que hacer un esfuerzo por acercar nuevos servicios y experiencias al público, generar curiosidad y darle herramientas para descubrirlas.
Y al final creo que, si el producto o servicio es de calidad y realmente aporta algo, el público va a llegar y va a encontrar una razón para apoyarlo.
3. Desde tu experiencia, ¿qué hace falta para que más personas se acerquen al arte y la cultura, no solamente como espectadores, sino como participantes?
Creo que lo que hace falta son facilitadores que ayuden al público a entender que consumir cine y arte en general también es una responsabilidad en nuestros días.
No es lo mismo quedarnos dentro de nuestra propia burbuja, consumiendo únicamente aquello que el algoritmo nos muestra todos los días y recibiendo constantemente pequeñas dosis de dopamina. ¿Por qué? Porque el algoritmo está diseñado para satisfacer nuestras necesidades y, muchas veces, para reforzar la visión que ya tenemos del mundo.
Consumir arte nos da la oportunidad de conocer otras formas de entender la realidad. Nos permite salir de nuestro caparazón, cuestionar nuestras propias ideas y descubrir que nuestra manera de ver el mundo no es la única.
Creo que ahí está uno de los grandes valores del arte: recordarnos que no somos dueños de la verdad y que siempre hay otras historias, otras perspectivas y otras formas de vivir y entender la vida.
4. Una de las ideas que defi endes es que sí es posible vivir del arte y la cultura, aunque sea difícil. ¿Qué signifi ca realmente construir una carrera sostenible en este sector?
El principal aprendizaje es que es una lucha constante. Nunca vas a estar completamente satisfecho y, probablemente, nunca va a ser fácil.
Cuando estamos en la universidad y tenemos que elegir una carrera que, en teoría, va a definir nuestras vidas, pocas veces nos dicen algo importante: prácticamente todos los campos del conocimiento y del quehacer tienen un campo laboral. El verdadero reto es que son pocas las personas que logran vivir realmente de aquello que eligieron.
Y creo que hay dos factores fundamentales. Primero, ser muy bueno en lo que haces. Pero el segundo, y quizá el más importante, es saber moverte y saber venderte.
Puedes tener mucho talento, pero si nadie conoce tu trabajo, si no sabes comunicar lo que haces, generar relaciones y encontrar oportunidades, es muy difícil convertir ese talento en una profesión sostenible.
5. ¿Qué errores crees que cometemos al pensar que los proyectos culturales deben existir únicamente por amor al arte y no como actividades profesionales?
Yo creo que también tenemos que hablar de la educación de nosotros como público. Si estamos acostumbrados a que, en lugar de pagar 500 pesos por ver a un artista local o independiente, podemos encontrar cada año grandes conciertos y espectáculos en distintos recintos de la ciudad sin ningún costo, también estamos generando un problema.
Y no digo que esté mal que existan estos eventos gratuitos. El problema es que, poco a poco, como público nos estamos acostumbrando a pensar que los grandes espectáculos y las experiencias culturales no deberían tener un costo.
No estamos incentivando una cultura de consumo del arte y la cultura, y sin ese consumo es muy difícil que los proyectos puedan subsistir. Porque detrás de cada artista, cada músico, cada cineasta o cada proyecto cultural hay tiempo, trabajo, preparación y recursos. Si queremos una escena cultural viva y sostenible, también tenemos que aprender a consumirla, valorarla y pagar por ella.
6. También estás trabajando en tu nuevo cortometraje como director. ¿Qué signifi ca para ti pasar de hablar y analizar cine a crear una película propia?
Tardé 27 años de mi vida en entender para qué estoy hecho, cuál es mi motivo para estar vivo, y lo descubrí estando en un set de grabación.
A pesar de que podría parecer un paso lógico pasar de la crítica a la realización cinematográfica, para mí fue mucho más que eso: fue una experiencia que me cambió la vida por completo. Ahí entendí que esto es a lo que quiero dedicarme el resto de mi vida.
Y, sobre todo, fue un gran shock darme cuenta de que son campos completamente distintos y de todo lo que todavía me queda por aprender. La crítica y la realización cinematográfica parten del mismo amor por el cine, pero exigen habilidades, procesos y formas de pensar muy diferentes.
Descubrirlo también me hizo entender que todavía tengo muchísimo camino por recorrer, y eso, lejos de asustarme, me entusiasma.
7. Si pudieras cambiar una sola cosa de la manera en que San Luis Potosí consume, apoya y entiende la cultura, ¿qué cambiarías?
Pasamos un tercio de nuestro día, si no es que más, pegados a una pantalla y consumiendo constantemente contenido que nos interesa y nos gusta. Si hoy contamos con tantas plataformas para difundir y compartir contenido, creo que también tenemos, más que nunca, una responsabilidad de apoyar y echarle la mano al de al lado: a nuestros amigos, a la persona que acaba de comenzar a producir contenido, a quien está emprendiendo un nuevo negocio o desarrollando un proyecto.
Hoy es mucho más fácil ayudar a que alguien sea visto, compartir su trabajo, recomendarlo o simplemente hacer que su propuesta llegue a más personas. Y creo que eso cobra todavía más importancia en una ciudad como la nuestra, donde sigue siendo difícil que nuevas propuestas artísticas, culturales y de emprendimiento encuentren un espacio y logren llegar a su público.
Si tenemos las herramientas para hacerlo, ¿por qué no utilizarlas también para impulsar a quienes están creando algo nuevo?